COVID-19: Pandemia y Vacunación de Perros contra Leptospirosis

Con las restricciones de circulación motivadas por la actual pandemia, es posible que algunos tenedores de perros no puedan cumplir con los esquemas de vacunaciones establecidos previamente. En base a esta realidad, es importante contar con algunos criterios inmunológicos que establezcan pautas que ayuden a retomar cada una de las vacunaciones en particular de forma adecuada.

La Leptospirosis es un grupo de enfermedades infecciosas potencialmente mortales, producida por diferentes serovares de bacterias pertenecientes al género Leptospira spp. Afecta a diferentes especies de animales incluidas las personas y tiene una gran importancia regional.

Desde hace muchos años existen vacunas preventivas contra esta enfermedad para su aplicación en perros, las que se consideran de acuerdo a la clasificación de WSAVA (2016) como vacunas “no esenciales”, lo que significa en otras palabras, que no será necesario colocarlas a todos los perros en todas las zonas geográficas. Por definición la recomendación de aplicar vacunas “no esenciales” quedará a consideración del médico veterinario, en base a la evaluación de riesgo individual que establezca para cada uno de sus pacientes frente a la infección.

Sin embargo, de acuerdo a la opinión de algunos expertos internacionales, sería más adecuado considerar a estos productos como “vacunas esenciales” en estrecha relación a la ubicación geográfica. Si la Leptospirosis está presente en el lugar donde vive un perro o en una zona adonde ese perro pudiera potencialmente viajar, para este animal en particular la vacunación contra Leptospirosis será considerada como “esencial”. Esta enfermedad infecciosa se encuentra bastante extendida a nivel global, por lo que existirá una fuerte recomendación de colocar estas vacunas a muchos animales.

Las vacunas contra Leptospirosis se formulan con cuerpos bacterianos enteros muertos (inactivados) y se las conoce como “bacterinas”. Estos productos biológicos pueden ser bastante efectivos, pero siempre se debe tener en cuenta que se requerirá de una serie de vacunas colocadas dentro de un intervalo específico de tiempo para maximizar la inmunidad.

El esquema de primo inmunización por lo general comenzará a partir de las 12 semanas de vida, y consistirá de “dos dosis” de vacunas colocadas con una diferencia de 2 a 4 semanas, para luego continuar en la mayoría de los perros, con refuerzos anuales.

Recordemos que este refuerzo se deberá colocar entre las 2 a 4 semanas luego de la primera aplicación, y esto es imprescindible para asegurar una buena respuesta inmunitaria. La primera dosis de vacuna presentará la información al sistema inmune y la segunda inducirá la respuesta protectora. Si no se administra este refuerzo a las 2 a 4 semanas, en primer lugar no sería de esperar un buen nivel de protección para ese animal, y a futuro se perderá la capacidad del sistema inmune para responder a la dosis individual de refuerzo anual.

Los refuerzos anuales de vacunación son imprescindibles, y están destinados a ayudar a los animales a sostener niveles adecuados de inmunidad en el tiempo, con la finalidad de mantenerlos protegidos contra a la enfermedad.

Si un perro no recibe su primer refuerzo entre las 2 a 4 semanas o pierde su vacuna anual, lo recomendado en base al criterio de buenas prácticas, es volver a colocar de nuevo el esquema de primo inmunización de dos dosis. De cualquier forma cada caso debería ser analizado individualmente en base al historial de vacunaciones de los animales en particular.

Con respecto a la vacunación anual, es lógico suponer que el sistema inmune no se encuentra funcional hasta determinada fecha y luego se apagará como si fuera un interruptor de luz, por lo que la Asociación Mundial de Veterinarios (WSAVA) considera que existe un margen de tolerancia para las vacunaciones anuales establecido en 15 meses. Luego de ese lapso, si al animal no se le administró su refuerzo anual de vacunas, deberá recibir nuevamente el esquema de dos dosis con un intervalo de 2 a 4 semanas.

Resumiendo, si a un perro le corresponde su vacunación anual y es necesario incluir a la vacuna contra Leptospirosis, debemos considerar lo siguiente:

  • -          Si no tiene ninguna vacuna colocada previamente contra Leptospirosis
  • -          Si tiene solo una dosis de cachorro y perdió el refuerzo de las 2 a 4 semanas
  • -          Si pasaron más de 15 meses desde la última vacunación anterior

El animal deberá recibir esa dosis anual y nuevamente una segunda dosis de vacuna contra Leptospirosis a las 2 a 4 semanas, para luego continuar con los refuerzos anuales individuales (una sola dosis). En ambientes de alto riesgo, el médico veterinario podría considerar intervalos más cortos entre vacunas (c/ 6 meses), para algunos animales.

Debemos resaltar el hecho que si se utiliza una vacuna formulada con 4 serovares (canícola, icterohaemorragiae, pomona y grippotyphosa) para la primera dosis y luego otra que contiene solamente 2 serovares (canícola e icterohaemorragiae) como refuerzo a las 2 a 4 semanas, es de esperar que no se produzca la inmunidad protectora frente a los serovares faltantes (pomona y grippotyphosa), y si se diera el caso inverso (primero 2 y luego 4), tampoco frente a estos dos nuevos serovares.

Si el responsable del animal, independientemente del motivo que tuviere, no acepta reiniciar el esquema de dos dosis, no hay una forma práctica de mesurar el riesgo de enfermar, y por lo tanto deberá aceptar la existencia de un cierto grado de incertidumbre sobre la protección que tendrá su perro frente a la Leptospirosis. Por otro lado, es habitual que los fabricantes de vacunas brinden respaldo sobre sus productos, solamente cuando se siguen los programas de vacunaciones recomendados en la ficha técnica de cada vacuna.

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